¿En qué casos necesitan tratamiento y qué tipo de tratamiento se aplica en estos casos?

Cuando el problema interfiere en la vida del niño (él empieza a ser consciente de su tartamudez, se le nota triste, le cuesta hablar con los amigos, o con nuevas personas, por miedo a “quedarse atascado”), sin lugar a dudas hay que intervenir. No obstante, si los padres o familiares son capaces de identificar el problema en esas etapas previas en las que el niño todavía no ha desarrollado el miedo a tartamudear, la intervención precoz será muy eficaz.

La intervención se centra en dos aspectos:

  •  Procurar la disminución de las disfluencias durante el habla: entrenar técnicas como la respiración diafragmática, el control de la articulación, y el alargar las vocales a la hora de pronunciar, le ayudarán a controlar el habla.
  •  Controlar la aparición de conductas de ansiedad. Si el niño tiene mucho miedo a tartamudear, habrá que trabajar con él el control de ese miedo, además de entrenar las técnicas anteriormente descritas.

Los padres pueden hacer actividades con el niño como ejercicios de contar cuentos rápidos y lentos, para que le niño aprenda las diferencias entre hablar rápido y lento.      Una vez que el niño ya se sabe el cuento, se pueden hacer ejercicios para introducir el turno de palabras, la mamá empieza una frase y se para y le pide al niño que él la termine.

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