El Nobel de Medicina – Fisiología 2014, otorgado a un grupo de psicólogos

InfocopEl pasado lunes 6 de octubre se comunicó el nombre de los galardonados por el Premio Nobel de Medicina – Fisiología 2014, que ha sido compartido entre el Doctor en Psicología Fisiológica John O’Keefe y el matrimonio de neuropsicólogos May-Britt Moser y Edvar I. Moser, todos ellos implicados en el descubrimiento de “las células que constituyen un sistema de posicionamiento en el cerebro”, y que son las que permiten a las personas orientarse en el espacio, actuando a modo de sistema “GPS interno”.

El primer paso de este descubrimiento se realizó en el año 1971, gracias a las investigaciones de O’Keefe, que permitieron la identificación de un tipo de células nerviosas en ratas (las “células de lugar”). O’Keefe observó que estas células aumentaban su actividad al encontrarse la rata en determinadas zonas de la sala.

Posteriormente, los neuropsicólogos May-Britt Moser y Edvar I. Moser descubrieron las “células cuadrículas”, un tipo de células que permiten un posicionamiento más preciso y que juegan un papel crucial en este sistema de posicionamiento cerebral.

En conjunto, el trabajo de estos investigadores ha posibilitado determinar la base neuronal de la función cognitiva superior que permite la orientación en el espacio, contribuyendo sustancialmente al avance de la ciencia de la conducta humana y sentando las bases para explicar las dificultades para reconocer el entorno que presentan algunos pacientes, como los que padecen enfermedad de Alzheimer.

Robert Roe, presidente de la Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos (EFPA), ha destacado, en una nota de prensa, la encomiable labor de estos psicólogos, afirmando que este galardón supone una gran noticia para nuestra disciplina, ya que “nos llena de orgullo comprobar el importante papel que juega la Psicología” en el avance científico.

FUENTE: INFOCOP

Lo que los niños pueden enseñarnos: ‘Experimento comparte’, de Shackleton para Acción Contra el Hambre (campaña)

accioncontraelhambreEn un mundo con capacidad para alimentar al doble de su población 3,5 millones de niños siguen muriendo por desnutición aguda cada año. Os adjunto esta exitosa campaña de Shackleton para Acción Contra el Hambre con mucha moraleja


Deberíamos aprender de los propios niños.

Entra en www.experimentocomparte.org

Investigación sobre Felicidad del Centro de Psiología Álava Reyes

Centro de Psicología Álava ReyesDesde hace años, en el Centro de Psicología Álava Reyes, venimos desarrollando una intensa labor de investigación, difusión y formación sobre la felicidad y aquellos aspectos que permiten potenciarla o que dificultan su experiencia. En la actualidad estamos llevando a cabo una serie de investigaciones para tratar de profundizar en áreas tanto laborales como personales, en las que tu participación sería de gran ayuda para nosotros.

Te agradecemos de corazón tu tiempo y tu paciencia para contestar a estas preguntas (no más de 10 – 15 minutos).

No existen respuestas correctas; sencillamente, queremos conocer tu manera de pensar, de sentir y de actuar en determinadas situaciones. Te pedimos, igualmente, que seas lo más sincero/a posible. El cuestionario es completamente anónimo y por defecto no guardamos ningún tipo de información personal ni de contacto, por lo que te rogamos que contestes a todas las preguntas.

Sería estupendo poder contar con tus respuestas antes del martes 4 de marzo.

Si quieres conocer los resultados de esta investigación, al final del cuestionario podrás dejarnos tu email y en unas semanas te informaremos de los principales resultados y conclusiones.

Haz click aquí para ir a la encuesta

Una vez más, muchísimas gracias por tu colaboración.

https://docs.google.com/forms/d/1aj7iVABGyysmfEYBO46dht-dWGfDwIvwYixPwelZYtU/viewform

 

La felicidad y el bienestar en el trabajo, artículo de INFOCOP

TrabajoYa es viernes y por tanto volvemos a dedicar el post a hablar de felicidad y trabajo, en esta ocasión os adjunto el artículo aparecido en la revista InfoCop realizado por Alfredo Rodríguez-Muñoz (Universidad Complutense de Madrid) y Ana Isabel Sanz-Vergel (University of East Anglia):

El interés por el concepto de felicidad no es reciente. Desde un punto de vista filosófico, Platón o Aristóteles ya se preguntaban qué es ser feliz, analizando las distintas formas a través de las cuales el ser humano podía alcanzar dicho estado.

En las últimas décadas, debido al desarrollo del movimiento de la psicología positiva, este tema se ha convertido en una cuestión clave tanto para los investigadores (Easterlin, 2003) como para los responsables políticos (Stiglitz, Sen, y Fitoussi, 2009), analizando al ser humano no sólo desde la enfermedad sino también desde la felicidad y el optimismo. Paralelamente, en el ámbito laboral también ha surgido un mayor interés por el lado positivo de la vida organizacional, prestándose más atención a fenómenos como el engagement, el bienestar o la satisfacción laboral. Uno de los hallazgos más aceptados en este campo, es que el trabajo contribuye de manera sustancial a mejorar el nivel de bienestar de las personas (Fisher, 2010; Warr, 2007). Por ejemplo, es bien conocido que el desempleo está relacionado con una disminución significativa en el bienestar, del cual los individuos sólo se recuperan cuando encuentran trabajo de nuevo (Clark, Diener, Georgellis, y Lucas, 2008). Por otra parte, también se ha encontrado que el bienestar de los trabajadores es un elemento esencial para lograr el éxito organizacional (Page y Vella-Brodrick, 2009).

El bienestar subjetivo es un concepto muy general con diferentes aspectos, y se refiere a la forma en que una persona evalúa su vida (Diener, Sandvik, y Pavot, 1991). Dentro del ámbito laboral, lo cierto es que el término de felicidad como tal no ha sido sistemáticamente definido. En general, los investigadores han optado por seguir una visión hedónica o eudaimónica para guiar sus estudios. Por una parte, la visión hedonista se centraría en estados emocionales subjetivos como la felicidad, la satisfacción, o el placer. Sin embargo, la tradición eudaimónica focaliza su estudio en los talentos y los potenciales de la persona. En este sentido, la búsqueda del potencial y la actualización de nuestras habilidades pueden dar un sentido a la vida.

Entonces ¿qué es la felicidad? ¿Consiste en estar alegre con más frecuencia? ¿Es tener un propósito en la vida y sentir que puedes desarrollarte? En un artículo publicado en 2008 en “Journal of Positive Psychology”, Todd Kashdan y colaboradores explican que es necesario complementar ambas perspectivas, evitando este tipo de distinciones artificiales que no son realmente útiles. De hecho, el bienestar hedónico y eudaimónico son mecanismos psicológicos que operan conjuntamente. Se trata de tener un afecto positivo y además sentir que puedes desarrollarte y que lo que haces tiene un propósito. En esta línea, Bakker y Oerlemans (2011) han conceptualizado el bienestar en el trabajo como la situación en la que un trabajador está satisfecho con su trabajo y, al mismo tiempo, experimenta frecuentemente emociones positivas como la alegría y la felicidad.

En un intento de distinguir entre los diferentes tipos de bienestar laboral, Bakker y Oerlemans (2011) han desarrollado un modelo teórico basándose en el modelo circumplejo del afecto (Russell, 1980). El modelo circumplejo postula que la estructura subyacente de las experiencias afectivas se puede caracterizar por dos continuos; placer-malestar y alta-baja activación. Cada estado emocional puede ser definido como una combinación de estas dos dimensiones con diversos grados de placer y de activación. En consecuencia, los indicadores positivos de bienestar serían la satisfacción en el trabajo (altos niveles de placer y bajos niveles de activación), y el engagement (altos niveles de placer y activación). La felicidad en el trabajo implicaría experimentar altos niveles de placer y moderados niveles de activación (Bakker y Daniels, 2012; Xanthopoulou et al, 2012.).

La investigación existente muestra claramente que la felicidad en el trabajo se asocia con otros indicadores organizacionales positivos. Tener un estado de bienestar en el trabajo se relaciona con una mayor creatividad laboral, con un mayor número de conductas prosociales con los compañeros y con los clientes, y menores tasas de conductas contraproductivas. Según Cropanzano y Wright (2001) los empleados menos felices son más sensibles a las amenazas, y se encuentran más predispuestos a adoptar posturas defensivas y pesimistas. Por el contrario, los empleados felices son más sensibles a las oportunidades, más confiados y con una actitud más cooperativa con sus compañeros.

De acuerdo con la teoría formulada por Barbara Fredrickson (“Broaden-and-Build Theory”) las emociones positivas, como la felicidad, ayudan a ampliar y desarrollar habilidades y vínculos sociales. Además de los beneficios inmediatos, experimentar emociones positivas tendría efectos beneficiosos más duraderos. Las emociones positivas, como la felicidad, facilitan la adquisición y desarrollo de nuevas habilidades que preparan a los individuos para retos futuros.

En el último número de 2013 de la Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones (Volumen 29, Número 3), se presenta un número monográfico dedicado a la felicidad y el bienestar en el trabajo. En el mismo, algunos de los especialistas más prestigiosos en este campo abordan y reflexionan sobre cuestiones tan variadas como el engagement, tanto a nivel individual como grupal, el empoderamiento, la recuperación, el ajuste persona-puesto de trabajo, el afecto positivo, y el disfrute en el trabajo. Esperamos que el enfoque positivo de este monográfico estimule la investigación e intervención en el área de la psicología organizacional positiva en España, y que contribuya a generar entornos organizacionales más saludables.

 

El artículo completo puede encontrarse en la Revista Journal of Work and Organizational Psychology: Rodríguez-Muñoz, A. y Sanz-Vergel A.I. (2013) Happiness and well-being at work: A special issue introduction. Journal of Work and Organizational Psychology, 29 (3), 95-97.  

  •  Alfredo Rodríguez-Muñoz es profesor del departamento de Psicología Social de la Universidad Complutense de Madrid. Es doctor en Psicología y Máster en Seguridad y Salud en el Trabajo. Sus intereses de investigación se centran en las áreas de estrés y salud en el trabajo. Sus trabajos han sido publicados en revistas como Work & Stress, Journal of Occupational Health Psychology o European Journal of Work and Organizational Psychology, entre otras.
  • Ana Isabel Sanz-Vergel es Lecturer en Organizational Behaviour  en la Universidad de East Anglia, Reino Unido. Es doctora en Psicología y Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la UAM. Sus intereses de investigación se relacionan con el ámbito de la salud laboral y la conciliación trabajo-familia. Sus trabajos han sido publicados en revistas como Journal of Vocational Behavior o Journal of Occupational Health Psychology, entre otras.

 

 

Participación en la jornada ‘Adquisición de una rápida tolerancia oral a la proteína de leche de vaca: implicaciones y beneficios’ hoy 23 de enero en el Hospital La Fe de Valencia. Colaboración con Mead Johnson

Logo Mead JohsonHoy tendré el placer de participar como ponente en la mesa redonda con medios de comunicación y en la posterior jornada científca organizadas por Mead Johnson sobre ‘Adquisición de una rápida tolerancia oral a la proteína de leche de vaca: implicaciones y beneficios’ que se celebra en el Hospital La Fe de Valencia.

Mead Johnson ha organizado un programa de la máxima calidad científica de la mano de los mayores expertos implicados en el abordaje de la alergia a la proteína de leche de vaca, donde mi intervención tratará sobre el impacto que tiene en el entorno familiar el diagnóstico de esta alergia en el niño:

Programa Jornada Mead Johnson ALV

Os adjunto el progama completo de la jornada: 23-01-14 Programa Jornada Mead Johnson

“El rasgo de personalidad que define a las personas que llegan lejos en la vida”, Ana Lee Duckworth en el Diario El Confidencial

Angela Lee Duckworth

Ni la sangre, ni el sudor ni las lágrimas, que diría Winston Churchill. Ni siquiera una gran inteligencia, una billetera voluminosa o un carisma sobrenatural pueden explicar por sí mismos por qué una persona llega lejos en su carrera y por qué otras fracasan a pesar de contar, en apariencia, con las condiciones necesarias. Hay tantos factores que explican el éxito personal que, en muchos casos, resulta trabajo baldío intentar seleccionar uno de ellos por encima de los demás. Sin embargo, seguimos haciéndolo, seguramente porque nos gusta simplificar un mundo que cada vez parece más complejo a nuestros ojos.

No obstante, en ocasiones este tipo de fórmulas pueden ayudarnos a comprender el mundo que nos rodea y, aunque quizá no sean la panacea, sí contribuye a enfrentarnos con el día a día con otra filosofía. Por eso resulta particularmente interesante la breve pero sustanciosa charla que Angela Lee Duckworth impartió en Ted el pasado mes de abril, en la que señalaba cuál es, tras diversas investigaciones, la cualidad que poseen todas las personas que triunfan: las agallas, o en inglés, grit, como en la película de los hermanos Coen Valor de ley (True Grit, 2011).

 “Los estudiantes que llegan más lejos no son los más inteligentes, sino los más perseverantes”

Como contó en la charla, Duckworth dejó a los 27 años su bien pagado trabajo en el mundo de la consultoría por un empleo “aún más exigente”, en sus propias palabras: ser profesora. Concretamente, matemáticas de séptimo curso en una escuela pública de Nueva York, con alumnos de entre doce y trece años. Un auditorio complicado del que aprendió mucho más de lo que podría haber sospechado en un primer momento.

La relativa importancia de la inteligencia

Poco después de comenzar su andadura como profesora, y tras analizar por primera vez las calificaciones académicas obtenidas de exámenes y trabajos, Duckworth reparó en que el coeficiente intelectual de los estudiantes tan sólo marcaba una pequeña diferencia. Es más, muchos de los mejores alumnos no tenían una inteligencia explosiva. Trabajando duro, todos los alumnos podían alcanzar los objetivos, por muy complicados que estos fuesen. ¿Qué era, entonces, lo que estaba ocurriendo?

 “La vida y la escuela dependen de mucho más que de la habilidad para aprender rápida y fácilmente”

Duckworth daría con la clave unos cuantos años después, cuando finalmente llegó a la conclusión de que era necesaria “una mejor comprensión de los estudiantes y del proceso de aprendizaje desde una perspectiva motivacional y psicológica”. La profesora recuerda que, por mucho que el discurso educativo haya hecho hincapié en la inteligencia emocional durante las últimas décadas, el coeficiente intelectual sigue siendo la variable más utilizada para juzgar a los alumnos, cuando otro tipo de cualidades incuantificables como la determinación o las consabidas agallas son igual o incluso más relevantes.

“La vida y la escuela dependen de mucho más que de la habilidad para aprender rápida y fácilmente”, explicó la docente de origen asiático durante su paso por Ted. Una afirmación que le hizo acudir a la Universidad a estudiar psicología y, posteriormente, a analizar grupos de estudiantes, de militares de la escuela de West Point y del concurso de Gramática nacional para conocer el perfil de aquellos que continuaron con su trabajo hasta las últimas consecuencias y salieron victoriosos en el intento. Dicha encuesta tuvo en cuenta un gran número de variables, que iban desde el nivel socioeconómico de la familia hasta la seguridad que sentían los niños cuando iban a la escuela. Los resultados fueron claros: la determinación es lo más importante, especialmente en aquellos casos en los que los niños tenían peligro de abandonar la escuela por sus circunstancias personales o por el entorno del que provenían.

Como recuerda Duckworth citando a Carol Dwerck, profesora de psicología de la Universidad de Stanford, “la habilidad para aprender no es siempre la misma, sino que se puede cambiar a través del esfuerzo”. Obvio pero acertado: el esfuerzo contribuye a la neuroplasticidad del cerebro, y aquellos más perseverantes lo eran aún más después de incurrir en un fallo, como explica la profesora, puesto que “no creen que ese fallo sea una condición permanente”.

Fuerza, voluntad y éxito

La profesora ha creado un grupo de investigación en la Universidad de Pensilvania destinado a analizar de manera cuantitativa la determinación, con el objetivo de comprender de qué manera esta puede determinar el éxito profesional y personal. “Tenemos que tomar nuestros datos y justificar nuestras ideas a través de ellos y comprobar que realmente funcionan”, explicó Duckworth para concluir la charla. “Tenemos que estar dispuestos a fracasar, a equivocarnos, a volver a comenzar de nuevo, pero esta vez, con la lección aprendida”.

 “Todo aprendizaje moviliza la racionalidad y las emociones del estudiante”

Parece ser que las agallas están de moda, puesto que también dan su nombre al último trabajo del colaborador de El Confidencial Mario Alonso Puig y Premio Espasa de Ensayo, El cociente agallas. Como aseguraba el antiguo neurocirujano en una reciente columna, este nuevo coeficiente es “la fuerza que desarrolla el carácter de una persona, la que nos permite que sigamos adelante contra viento y marea”.

Puig recuerda que, hasta la irrupción de Daniel Goleman y su reivindicación de la inteligencia emocional, lo racional siempre había prevalecido por encima de las emociones. Sin embargo, las últimas investigaciones han puesto de manifiesto que el aprendizaje utiliza casi por igual ambos aspectos de la experiencia humana, que se complementan entre sí y no pueden entenderse de manera separada. Una persona inteligente pero desmotivada llegará mucho menos lejos que aquel que quizá no pueda presumir por su brillantez, pero sí persevere en su cometido y no se rinda cuando las primeras dificultades aparezcan. Y como bien sabe todo ciudadano del siglo XXI, las dificultades aparecerán, y en abundancia.

Los viejos rockeros no existen (o cómo cambian nuestros gustos musicales con la edad)

Os adjunto el contenido del artículo publicado por Miguel Ángel Criado el pasado 17/10 en el diario The Huffington Post:

La música y la edadA medida que envejecemos, la música pierde importancia en nuestras vidas. Además, los gustos musicales cambian con la edad. De jóvenes gusta más lo estridente y, con la madurez, el simple placer de relajarse con una canción. Un estudio con más de un cuarto de millón de personas muestra todo esto y, también, que los gustos musicales son una expresión de la personalidad de cada uno.

Dos investigadores de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), ambos melómanos aunque a uno le va más la clásica y al otro le iba (ya no) el rap metal y el grunge, se propusieron comprender el rol que la música juega a lo largo de la vida de una persona. Hay centenares de estudios sobre los jóvenes y sus pasiones musicales, pero apenas hay literatura científica sobre cómo el paso del tiempo afecta a los gustos musicales.

Para averiguarlo realizaron dos estudios. En el primero usaron una muestra de 9.000 personas de entre 13 y 65 años. Aunque todos eran británicos o estadounidenses, el peso de la música anglosajona permite extender sus conclusiones al resto de países.

DISTINTAS VARIABLES

Midieron tres variables diferentes. Por un lado, el consumo semanal de música y, por el otro, en qué contexto, dónde y con quién suelen oírla. También les pidieron que eligieran de entre cinco frases sobre la importancia de la música en su vida.
Comprobaron que el consumo de música se reduce con la edad. Desde un máximo de 25 horas semanales cuando se tienen 18 años a un mínimo de 12 alrededor de los 60. Sólo con la jubilación, la cifra parece repuntar un poco. El sitio preferido para oír música es el coche y esto no cambia con la edad. La mayoría, en especial los jóvenes, prefieren oírla a solas. Sorprende comprobar que el penúltimo lugar donde menos se oye es fuera, es decir en conciertos y locales.

La importancia que le damos a la música también se modera con la edad. Aunque un tercio declaró que “la música significa mucho para mí, es una de mis pasiones”, la mayoría de ellos eran jóvenes. A medida que se cumplen años, se atempera esa pasión. Las declaraciones que restan relevancia a la música siguen el patrón contrario y hasta un 42% de los que rondan los 65 consideran las canciones poco importantes en su vida.

En el segundo estudio el objetivo era más ambicioso. Querían comprobar si, contra la creencia generalizada, los gustos musicales cambian con la edad y, lo que es más importante, si estos cambios están relacionados con la evolución personal de cada uno.

Los autores de la investigación no usaron los géneros habituales sino que crearon un modelo con determinadas características que comparten varios estilos. Así, pusieron en la misma cesta de los sonidos intensos al rock, el punk o el heavy metal y, en la categoría sofisticada al jazz, el blues o la música clásica. Como música suave clasificaron a los ritmos étnicos y la new age. Como música sin pretensiones, al pop o el country. Por último, el rap, reggae o el soul, como contemporáneos.

En esta ocasión sus resultados se apoyan en una encuesta a más de 250.000 personas realizada por internet durante los últimos 8 años. En ella, los participantes tenían que mostrar sus preferencias musicales y realizar un test de personalidad además de confesar su edad.

ESTABLECER IDENTIDAD

“Los años de la adolescencia están a menudo dominados por la necesidad de establecer la identidad y la música es una forma barata y efectiva de conseguirlo”, dice Jason Rentfrow, coautor del estudio que acaban de publicar en el Journal of Personality and Social Psychology. Esos años son también los de la rebeldía contra la autoridad de los padres, de los profesores o de cualquiera que sea mayor. ¿Y qué mejor forma de hacerlo que con los sonidos estridentes, pesados del rock o del punk, o con la letras supuestamente provocadoras de algunos reyes del pop? Por eso, vieron una correlación negativa entre mayor edad y preferencia por estas músicas. Así que los viejos rockeros sólo existen en los escenarios.

El estudio desmonta la idea de que siempre nos gusta la misma música. De hecho, revela que varía en función de las grandes etapas de la vida. Así, existe una relación entre el adiós a la adolescencia y el adiós a la estridencia. En los primeros años de la madurez, lo que toca es amar y ser amado por los amigos o por la pareja. Por eso, en estos años predominan los estilos suaves, románticos y bailables.

A medida que se entra en la plena madurez, sin embargo, el relevo lo toman los géneros más sofisticados y los menos pretenciosos a la vez. Para los investigadores, ambos estilos son vistos como relajantes. Mientras la sofisticación de la música clásica o el jazz revelan un interés estético que se puede relacionar con el estatus social, los sonidos pop o country traen recuerdos de la familia y los amigos, un aire de la nostalgia de la juventud que ya pasó. En ambos casos, la música funciona como una evasión de la agotadora realidad de cada día.